UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Clara Isabel Lacunza impartió junto con el psiquiatra Adrián Cano un curso con motivo del 10º aniversario del Máster en Matrimonio y Familia

“Para una familia, lo malo no son el estrés y los problemas, sino el modo en que los afronta. Cuando lo hace bien, protege a todos sus miembros. Pero fortalecer la familia y su sentido no sólo le beneficia a ella y a sus componentes, sino a toda la sociedad, pues constituye su núcleo básico”. Así lo aseguró en la Universidad de Navarra Clara Isabel Lacunza, psicóloga del Servicio Navarro de Salud.

La experta impartió el curso ‘Manejo del estrés en el matrimonio y la familia’ junto con Adrián Cano, psiquiatra de la Clínica Universidad de Navarra. El programa formó parte de los actos del 10º aniversario del Máster en Matrimonio y Familia.

La psicóloga afirmó que los especialistas en salud mental cada vez atienden a más pacientes por problemas de la vida diaria, como el trabajo o las dificultades económicas. No obstante, aseguró que la mayoría de las situaciones leves no deberían requerir la ayuda de estos profesionales.

“Es posible prevenir el estrés ante situaciones difíciles. Uno no puede evitar un despido con motivo de la crisis, pero puede afrontar la situación apoyándose en su red de familiares y amigos”, enfatizó.

Entre mayo y septiembre, pico en los problemas conyugales

Por su parte, Adrián Cano destacó que el modo en que la sociedad actual vive es propicio para el estrés, ya que éste consiste en un desequilibrio entre las demandas sociales y los recursos que pensamos que podemos tener. “Cada vez se pide ser más (que los niños aprendan más idiomas, el progreso personal y profesional…) y tener más, dejando de lado la vertiente interior”, señaló.

Para resolver el estrés, aconsejó orientarlo hacia la emoción y no hacia el problema. “Hay que aprender a decir al otro que me encuentro mal; describir el problema y mostrar nuestro punto de vista; aprender a expresar los sentimientos que genera esa situación”, indicó.

Por otro lado, el psiquiatra Adrián Cano destacó la presencia de una estacionalidad en los problemas conyugales. “Existe una mayor demanda de ayuda entre mayo y septiembre, donde se sitúa el pico más alto, y hasta diciembre. En enero se renuevan ilusiones, pero a medida que pasa el año va cayendo esa ilusión”.
“En junio -aclaró- se acumula el cansancio, muchos microestresores y pensamos que las vacaciones solucionan todo, pero entonces chocamos con la dura realidad. El mayor tiempo mal compartido hace que surja un mayor conflicto”.