UNIVERSIDAD DE GRANADA

En su volumen “La benevolencia. Genealogía de una virtud política ilustrada” se centra en las obras de varios autores clásicos del pensamiento moderno, como Richard Cumberland, Thomas Hobbes, Bernard Mandeville, Shaftesbury, Francis Hutcheson, David Hume, Adam Smith, J.J. Rousseau, entre otros.

El profesor Manuel Salguero apela a la benevolencia como deber por el que se promueve el bien común, en su “La benevolencia. Genealogía de una virtud política ilustrada”, publicado por la Editorial Universidad de Granada (eug).

Manuel Salguero pretende, pues, analizar, sistematizar y contextualizar la idea de benevolencia como un referente conceptual, con su propia especificidad, que pertenece a la tradición cultural de la vieja Europa de la modernidad ilustrada. Y se sirve de esta virtud para llamar la atención sobre la necesidad en nuestro tiempo acerca de “un ajuste ético-político que avance hacia formas culturales -asegura el autor del libro– basadas en la solidaridad y en la fraternidad, que fueron ideales propuestos por la razón ilustrada, pero luego olvidados e incumplidos”.

El profesor Salguero se centra, así, en las obras de varios autores clásicos del pensamiento moderno tales como Richard Cumberland, Thomas Hobbes, Bernard Mandeville, Shaftesbury, Francis Hutcheson, David Hume, Adam Smith, J.J. Rousseau, entre otros.

“En este contexto –prosigue Manuel Salguero– de la filosofía jurídica, moral y política, la benevolencia consiste en un deber que promueve el bien común, incluso cuando no se espere una retribución, y en una inclinación natural a mantener una acción generosa humanitaria universal a modo de pacto originario. Es una disposición moral que no se resigna a aceptar al egoísmo como la estructura última del ser humano y que tiende a la concordia con todos los agentes racionales. La benevolencia es, en su génesis ilustrada, una virtud social y política de la cooperación y del compromiso, que acompaña e implementa siempre a la justicia como su auxiliar necesario, impulsando primero acciones para que lo justo se haga presente y proyectando después nuevos objetivos”.

Como virtud social, la benevolencia filantrópica experimentó un decisivo impulso al convertirse en una responsabilidad pública que puso en marcha una avanzada reforma legislativa de carácter social, como ocurrió en Inglaterra durante el siglo XIX. En definitiva, en el entramado ético-político en el que se incardina la benevolencia, confluyen -siempre según el autor de este libro– algunas de las confrontaciones más genuinas de la modernidad: la tensión entre el egoísmo y la conducta altruista, entre lo natural y el artificio, entre el interés y lo que contradice los criterios del beneficio y, de manera más radical, entre razón y pasión. “Indagar la idea de benevolencia es afrontar uno de los pilares básicos de la vida en sociedad”.

Según Manuel Salguero “Es necesario apelar hoy a aquella benevolencia ilustrada porque forma parte del ethos democrático y merece ser incorporada al proceso de socialización”.