UNIVERSIDAD DE GRANADA

Los profesores Arón Cohen y Mohamed Berriane publican en la UGR “De a : y espacio social”, resultado de un trabajo de investigación que ha ocupado durante años a un equipo de investigadores marroquíes y andaluces que han indagado en los procesos de desde el doble foco de y Marruecos

“La crisis económica refuerza la percepción de la migración como una aventura sin final. Y de la continua movilidad del migrante como una errancia a la que se prefiere una vida sedentaria como camino para alcanzar una situación social estable.”

Este, y otros muchos paradigmas, se recogen en el “De Marruecos a Andalucía: Migración y espacio social”, publicado por los profesores Arón Cohen y Mohamed Berriane en la editorial de la Universidad de Granada (eug), en colaboración con el Instituto de Estadística y Cartografía de la Junta de Andalucía.
Se trata del resultado de un intenso trabajo de investigación con el que investigadores andaluces y marroquíes han rastreado los procesos de migración desde la doble óptica de Andalucía y Marruecos.

Así, desde cada uno de sus observatorios geográficos, el andaluz y el marroquí, los investigadores reflexionan en este libro sobre la conveniencia de interesarse por el otro lado de los procesos migratorios.

Visto desde Marruecos, el colectivo de residentes marroquíes en Andalucía “representa un ejemplo de los movimientos migratorios conocidos por Marruecos desde principios de los años 80 del siglo pasado, fuertemente marcados por la primacía de los destinos españoles”. Estos movimientos forman parte de las grandes transformaciones de las migraciones internacionales marroquíes, que se han traducido en la extensión del fenómeno migratorio a todo el territorio marroquí y a las ciudades grandes y medianas, paralela a la de los destinos, con la irrupción de nuevos países como España e Italia.

“El análisis de estos flujos –aseguran los autores del libro–, que implican nuevos focos de partida en Marruecos y nuevos destinos en Europa, nos ha permitido comprobar hasta qué punto difieren de los que caracterizaron al antiguo sistema migratorio que relacionaba a Marruecos con destinos tradicionales como Francia o Bélgica”.

Un doble enfoque, cuantitativo y cualitativo, basado en una observación coordinada del fenómeno en sus dos extremos, ha permitido a los investigadores obtener resultados con los que se aprecian estas desemejanzas.

Los marroquíes establecidos en Andalucía presentan diferencias notables en comparación con los protagonistas de anteriores oleadas migratorias. Según los investigadores, “El propio destino español (y el andaluz) conlleva una importante originalidad con respecto a los destinos europeos tradicionales. Se trata de un país que comparte con Marruecos una frontera marítima, capítulos enteros de historia, y una proximidad geográfica que lo sitúan en el centro de las representaciones cotidianas de los marroquíes”.
Los autores del libro aseguran haber observado en Marruecos “que las relaciones entre los migrantes instalados en Andalucía y sus familias en el país, sin dejar de obedecer al parentesco, también están condicionadas por unas expectativas de ayuda material a las que el emigrado a Andalucía no siempre puede responder”.

Igualmente, la imagen de España, país de inmigración reciente, se construye desde la precariedad de las condiciones de vida del emigrado. Así, considerada España durante mucho tiempo como puente tendido hacia otros países de inmigración económicamente más atractivos, el reclamo de España se ha debilitado.