UNIVERSIDAD DE LA RIOJA

El Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Rioja ha publicado el La Iglesia de Las Tapias y los monasterios tardoantiguos de Albelda de Iregua y Nalda, del catedrático de Historia Antigua Urbano Espinosa. La obra documenta la existencia de tres templos, uno de los cuales dio origen y nombre al poblamiento de Albelda.

El libro, de 279 páginas, hace el número 65 de la Biblioteca de Investigación y las evidencias que da a conocer son inéditas; aunque el estudio, de carácter definitivo, parte de unas excavaciones llevadas a cabo en 1979 -posteriores a las realizadas entre 1925-26 por Blas Taracena- y es fruto de sendos proyectos de investigación.

La primera parte describe los hallazgos, su estudio tipológico y funcional; la segunda incorpora informaciones relacionadas con Albelda y Nalda cuyo análisis ha permitido confirmar el carácter monástico de la iglesia de 1979; y, finalmente, el libro incluye un estudio bioantropológico de las inhumaciones a cargo de Julio Martínez Flórez.

La obra documenta la existencia de un conjunto formado por tres monasterios en un corto tramo de 2,6 kilómetros de distancia: Las Tapias, Albelda y San Pantaleón (los dos primeros en el término municipal de Albelda y el tercero en Nalda).

La primera parte describe los restos de un templo monástico excavado en el término Las Tapias de Albelda de Iregua. Es un templo de pequeñas dimensiones dotado de complejidad y equilibrio, similar en su esquema básico a la iglesia de Santa María de Ventas Blancas (La Rioja); el ábside se halla orientado y se le contrapone al oeste una cripta abovedada, donde se halló un sarcófago. El final del templo se produciría no en el primer momento del poder musulmán en la región, sino en fases avanzadas del s. VIII o más bien a principios del s. IX.

Esta concentración de monasterios cuestiona la concepción habitual del modelo de monasterio tardoantiguo como «ciudad de los monjes» -propio de los grandes monasterios medievales- y se sustituye por el de «aldea de los monjes», más próxima a las formas de poblamiento rural de la Antigüedad Tardía.

Los tres cenobios fueron promovidos por notables locales que transformaron en comunidad monástica su grupo familiar y social, lo cual les ponía al abrigo de muchos riesgos y exacciones. La cerca monacal definía un atrio inviolable, el originario patrimonio raíz de la familia se convertía en irrevocable y, además, podía incrementarse con el tiempo.

En el medio rural lo cenobítico protegía los liderazgos locales frente a centros de poder señorial. La conversión en monasterio de la propia familia y grupo de dependientes fue visto como una oportunidad por muchos notables y así se explica la sorprendente concentración de monasterios en Albelda y Nalda durante la época visigoda.

ALBALDA/ALBEILDA: «LA ALDEA»

Los cenobios de Albelda y de San Pantaleón (Nalda) sobrevivieron al periodo islámico. El libro pone de relieve que el topónimo Albalda/Albeilda, registrado en las crónicas cristianas significa «La aldea», se fraguó bajo el dominio musulmán a lo largo de los siglos VIII y IX. Por tanto, los áraboparlantes veían desde fuera una aldea allá donde los cristianos de dentro vivían un orden monástico originado en el periodo visigodo.

Hacia el 923 el bajo Iregua y Viguera quedaron integrados en los dominios de la monarquía pamplonica. En el 924 se fundó el monasterio de San Martín de Albelda sobre los restos y sobre la tradición monástica anterior; fue famoso el scriptorium en los siglos X y XI y, al delimitar sus dominios territoriales, lo hizo integrando las mismas áreas en las que se habían ubicado los tres antiguos cenobios. En paralelo con el monasterio de San Martín fue surgiendo un núcleo civil que dio continuidad al topónimo Albelda -al-Balda, «La aldea»- prolongado hasta la actualidad.

De los tres monasterios albeldenses se conservan pocos restos y solo se dispone de datos arqueológicos detallados sobre Las Tapias, datado en el s. VII. Sobre San Pantaleón se sabe que contaba con al menos tres iglesias, pero en el lugar se levantan en la actualidad diversas instalaciones industriales. Al monasterio tardoantiguo de Albelda se le sobrepuso el medieval de San Martín; su emplazamiento coincide con la iglesia parroquial tradicional y bajo ella podrían esconderse todavía restos del monasterio visigodo, cuya excavación revestiría el máximo interés.