UNIVERSIDAD DE BARCELONA

El aumento del turismo en la costa mediterránea está relacionado con una disminución del 70% de conchas durante la temporada turística de julio y agosto, y del 60% el resto del año, según un estudio publicado en la y firmado por los expertos Jordi Martinell y Rosa Domènech, del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio), y Michał Kowalewski, de la Universidad de Florida.

El turismo mundial se ha multiplicado en las últimas tres décadas, y este fenómeno ha afectado a varios hábitats naturales. En la Playa Larga de Salou (Tarragona), una localidad donde el turismo se ha triplicado desde 1970, el equipo científico de la UB inició hace treinta años unos primeros muestreos de conchas con finalidades científicas.

Recogiendo miles de conchas en Playa Larga

«La idea inicial era estudiar aspectos relacionados con las trazas de depredación en la especie Chamelea gallina; pero la investigación se reorientó para determinar la presión del turismo sobre la acumulación de conchas en la playa y, en consecuencia, sobre los ecosistemas bentónicos costeros y la sedimentación», explica el catedrático Jordi Martinell, que es jefe del Grupo de Investigación Paleobiología del Neógeno Mediterráneo de la UB. «Nosotros somos paleontólogos -continúa Martinell- y estábamos y estamos interesados en estudiar procesos biosedimentarios y ecológicos actuales, con intención de aplicarlos a la interpretación del registro fósil. Por este motivo, todavía queda bastante trabajo por delante».

De 1978 a 1981, los expertos de la UB separaron e identificaron las diferentes especies con objeto de seleccionar las más adecuadas para el estudio. De las decenas de miles de conchas -solo de Chamelea gallina se recogieron más de 50.000 valvas-, se obtuvo información de carácter tafonómico, ecológico, etc. De 2008 a 2010, los muestreos se repitieron, cuando el entorno urbanístico de la playa se había modificado con nuevas construcciones hoteleras. Además, también se analizaron datos medioambientales (meteorología, oceanografía, etc.) y económicos (como el turismo).

Tal como explica la profesora Rosa Domènech, «Playa Larga tenía unas características biológicas y físicas de gran interés científico: protección especial durante el periodo 1978-81, proximidad a Barcelona, unos 600 m de longitud y acumulaciones de conchas de bivalvas todo el año, que eran nuestro objetivo inicial». Además, los expertos tenían las muestras de hace treinta años, lo que no es muy usual en la investigación científica: poder disponer de datos comparables, separados por muchos años pero obtenidos por el mismo método y por los mismos investigadores.

No todos los cambios son provocados por el turismo

La desaparición de conchas podría tener un impacto significativo sobre el entorno natural, causando alteraciones en la estabilización de la línea de costa y un descenso en la producción de sedimentos carbonatados, entre otros. «Los seres humanos pueden desempeñar un papel importante en la alteración de los hábitats mediante actividades que parecen inofensivas, como andar por la playa recogiendo conchas marinas», apunta Michał Kowalewski.

Pero no todos los cambios en el ecosistema litoral de Playa Larga son atribuibles al turismo, apuntan los autores. La hipótesis inicial del trabajo era relacionar la disminución del número de conchas en la playa con el aumento del turismo, y de hecho el estudio constata esta correlación. Ello, sin embargo, no quiere decir que el turístico sea el único factor o causa directa. «Esta correlación también podría responder al aumento de la turbiedad de las aguas porque hay más embarcaciones recreativas o por la contaminación orgánica, o a la eliminación de conchas por los servicios de limpieza diarios, entre otros motivos», subrayan los expertos de la UB.

¿Qué pasará en otras playas del mundo?

Si en Playa Larga se ha detectado una relación entre la presión del turismo y la desaparición acelerada de conchas, en otras playas conocidas por su interés malacológico y frecuentadas por coleccionistas, este fenómeno será todavía más impactante. En algunos países -por ejemplo, en Bahamas- hay limitaciones a la recolección de conchas por los turistas; pero hoy en día no hay estudios sobre el impacto real de esta actividad humana en los hábitats y ecosistemas costeros.

«En el litoral mediterráneo -apuntan Martinell y Domènech- no hay una presión relacionada con la recolección de conchas; puesto que no tenemos ni la riqueza ni la espectacularidad de otras costas como Florida, Filipinas, o Indonesia, donde existe una importante actividad recolectora de piezas malacológicas, tanto de caparazones vacíos en las playas como también de ejemplares vivos dentro del agua. Aquí, la incidencia del turismo, a pesar de que existe, es más indirecta».

Según los expertos de la UB, «habría que hacer más estudios, especialmente en zonas donde sabemos que parte del turismo se basa en la recolección de conchas». Ahora bien, es preciso disponer de datos antiguos y diseñar nuevos métodos de trabajo para hacer análisis similares. En el caso de Playa Larga, para los expertos «ha sido un lujo poder disponer de un material recolectado hace ya treinta años, cuando la incidencia del turismo era entre tres y cuatro veces menor que la actual».

Para consultar el artículo:

http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0083615