UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Para alcanzar este objetivo, trabajará con las empresas Aglaris Cell y Nimgenetics Genomica en la búsqueda de un patrón que permita realizar mediciones en las células antes de cualquier tratamiento

Las terapias con prometen soluciones esperanzadoras en la cura de enfermedades coronarias, ictus, degenerativas o simplemente que implican ciertas atrofias músculo-esqueléticas. De hecho, después de varias décadas de investigaciones y, cuando aún se continúan afinando sus posibilidades en la lucha contra el cáncer, este tratamiento se ha convertido en la receta para devolver la visión a pacientes con un grado de ceguera incurable hasta el momento o para reducir, incluso, en bebés, las posibilidades de padecer el VIH. La oportunidad de modificar genes alterados de manera hereditaria o, simplemente, sustituir ciertas células mutadas por otras sanas, abre un campo de expectativas en el sector biomédico, aunque, no sin algunos escollos, ya que a día de hoy son algunos los problemas que la ciencia trata de subsanar.

Uno de estos retos es la necesidad de crear de un sistema de seguridad que permita medir la estabilidad de las células madre antes de utilizarlas para el tratamiento. Precisamente, diseñar este modelo basado en biomarcadores, tanto funcionales como genéticos, es el objetivo del proyecto “Estabilidad Genómica de Productos para Terapia Celular generados en Biorreactores. BIOREACTÓMICA” concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad en el marco del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2013-2016.

En él participa la Universidad de Extremadura a través del Servicio de Técnicas Aplicadas a la Biociencia, el STAB, junto a dos empresas biotecnológicas: Aglaris Cell, que se encargará del cultivo de las células madre y Nimgenetics, Genomica y Medicina cuyo cometido estará centrado en detectar cualquier alteración que éstas hayan podido sufrir durante esa primera fase.

Como subraya Alberto Álvarez Barrientos, responsable del STAB, la UEx será, por su parte, la entidad investigadora encargada de controlar si la expresión de las células es la normal o, si por el contrario, existe senescencia o envejecimiento.

Para los promotores de este trabajo científico, estas mediciones previas, que ahora se afanan en diseñar, permitirán mejorar los resultados, aportando datos objetivos a la hora de escoger qué células forman parte del tratamiento del paciente. “En ocasiones la terapia no surte el mismo efecto beneficioso en una persona que en otra y esto se puede deber a que existen ciertas alteraciones que han mermado sus propiedades”.

En este sentido, Álvarez Barrientos afirma que “se da por supuesto que las células que se estás inyectando permanecen con todos los parámetros inalterados, pero esto no siempre es así. Puede que tras varios meses en cultivo algo haya cambiado, por eso es preciso establecer un perfil o patrón con el que corroborar la calidad tanto al inicio como al final del proceso, antes de llegar al enfermo, sobretodo porque es garantía de resultados”.

El proyecto concedido cuenta con un plazo de un año para su ejecución.