UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALENCIA

En el I Congreso Internacional de Senderismo y Deportes de Montaña de la Universidad Católica de Valencia

El veterano himalayista Carlos Soria (Ávila, 1939) ha participado en el I Congreso Internacional de Senderismo y Deportes de Montaña de la Universidad Católica de Valencia con una conferencia sobre sus 65 años como montañero. Sólo le faltan dos ochomiles para ser el único alpinista que completa los 14 a su edad y espera volver al monte Dhaulagiri a sus 80 años.

En su intervención también se ha referido a la historia del alpinismo en España pues, pese a no haberse dedicado profesionalmente a la montaña, participó en la primera expedición nacional al Manaslu en el año 1973, la octava cumbre más alta del mundo, situada en el macizo Mansiri Himal del Himalaya.

Esta región, a la que ha regresado en repetidas ocasiones, tiene un pueblo cuya escuela ha ayudado a erigir el respetado alpinista. También en Nepal, “un país muy querido, con poco dinero y mucho esfuerzo” ha colaborado en la construcción de cinco escuelas.

Y es que, como ha querido subrayar en su ponencia, la montaña le ha enseñado “a vivir de otra forma, a no preocuparme demasiado por pequeños problemas y saber que todo se puede solucionar. Eso me ha dado el alpinismo: aprender a ser sencillo, a no darle importancia a las cosas que no la tienen y sí a las que lo merecen”, ha reconocido el abulense, que creció en una familia sin recursos económicos durante la posguerra española.

“Vivíamos en una casa muy pequeña y tenía que ir a por agua a la fuente cada día, a pesar de vivir en Madrid. ¡Quién le iba a decir a aquel chaval que recorrería el mundo y conocería a tanta gente interesante!”, ha expresado emocionado.

Soria empezó a trabajar a los once años como encuadernador; a los catorce, “ya fui tapicero porque mi familia tenía que ver con el mundo del mueble; luego tuve mi propio taller, con muy buena clientela”, ha recordado en la charla.

“Tengo cuatro hijas con las que me llevo de maravilla y a mi mujer, Cristina; la conocí en el año 1962 y seguimos juntos hasta ahora. Mi familia es fantástica. Alguna vez he pensado que no lo había hecho muy bien, que me había pasado. Pero a lo largo de la vida veo el cariño que hay entre ellas y entre nosotros”, ha afirmado.

En su conferencia también se ha referido a sus próximos retos, entre los que destaca, más allá de cimas concretas, seguir con la prudencia que siempre le ha caracterizado. “Nunca he sufrido una congelación o un accidente y he salido siempre de las montañas por mi propio pie. ¡Y he subido a muchas y muy complicadas!”, ha asegurado.

“La mayoría de los alpinistas, cuando ponen proyecciones, se centran en las catástrofes, en lo mal que lo pasan, en la terrible tempestad que había… Yo siempre digo que la montaña no es un sitio para morir: es un sitio para vivir”, ha apuntado Soria.

En este sentido, ha apelado a los participantes en este I Congreso Internacional de Senderismo y Deportes de Montaña de la UCV “a tener sentido común cuando estás subiendo, pero, sobre todo, cuando desciendes; no puedes emplear toda la fuerza en el ascenso. A muchos se les olvida, sólo quieren llegar a la cima y creen que con eso ya han alcanzado todo, pero la cumbre está ahí abajo, en el campamento base”.

Finalmente, pese a la situación difícil que atraviesa en estos momentos -le han puesto una prótesis en su rodilla izquierda- el ponente se está preparando para volver al Himalaya “en abril o después del monzón, en agosto”. No lo ha concretado aún, pero de lo que sí se ha mostrado convencido es que “a esa o a cualquier montaña volverá para disfrutar y seguir aprendiendo”.