UNIVERSIDAD DE BARCELONA

El Grupo de Investigación Consolidado en Geociencias Marinas de la Universidad de Barcelona participa en la cartografía submarina detallada del canal INBIS, ubicado en el margen continental del mar de Barents

Cercano a la isla del Oso, en el archipiélago de las Svalbard, este canal polar conservó su particular relieve submarino durante el último máximo glacial

Este nuevo estudio, publicado en la revista Arktos-The Journal of Arctic Geosciences, describe los procesos geológicos que han contribuido a modelar los grandes fondos marinos en latitudes polares

Un estudio científico detalla por primera vez la cartografía submarina de los tramos superiores del canal INBIS, un valle sumergido que se extiende a lo largo de decenas de kilómetros al noroeste del mar de Barents, en el océano Ártico. Este canal es uno de los pocos valles submarinos de latitudes polares que preservó su particular arquitectura geológica durante el último máximo glacial (LGM), según el nuevo trabajo publicado en la revista Arktos – The Journal of Arctic Geosciences, en el que participa el profesor José Luis Casamor, miembro del Grupo de Investigación Consolidado (GRC) en Geociencias Marinas de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona.

En la nueva investigación también han participado expertos del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental (OGS) de Trieste (Italia) y la Universidad de Tromsø (Noruega), entre otras instituciones.

Terra incognita: descubriendo los fondos marinos del planeta

Muchos de los paisajes más desconocidos de nuestro planeta se encuentran sumergidos bajo las aguas oceánicas. En la actualidad, los fondos marinos y las regiones polares conforman las dos últimas grandes fronteras de la investigación en el ámbito de las ciencias de la Tierra. En este contexto, la aplicación de tecnologías avanzadas en las campañas científicas —GPS diferencial, batimetría de multihaz de alta resolución, sísmica de reflexión 2D y 3D, vehículos científicos submarinos de control remoto (ROV)— ha sido una auténtica revolución metodológica que ha ampliado la precisión de los mapas batimétricos de los fondos marinos.

El canal INBIS —interfan Bear island and Storfjorden— está situado en el margen continental del mar de Barents, al oeste de la isla del Oso, en el archipiélago noruego de las islas Svalbard. La cabecera se sitúa en la plataforma continental —a unos 500 metros de profundidad— y su parte más alejada se extiende hasta los 2.500 metros bajo la superficie marina. INBIS se considera «un ejemplo excepcional de canal submarino profundo en latitudes polares, que se ha formado en una zona del margen continental situada entre dos importantes abanicos sedimentarios glaciares», detalla José Luis Casamor, codirector de la campaña oceanográfica DEGLABAR, que cartografió gran parte del canal INBIS a bordo del buque oceanográfico OGS Explora en 2015.

A lo largo de miles de años, el relieve submarino de este canal ha sido esculpido por la acción de diferentes procesos geológicos en los márgenes polares. Las cárcavas (gullies) son las principales estructuras topográficas «que han permitido reconstruir la historia geológica del canal INBIS», detalla Leonardo Rui, miembro del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Experimental (OGS) de Trieste y primer autor del estudio.

«En particular —continua Rui—, la estructura y algunas características de estas formaciones —por ejemplo, la relación entre las dimensiones y la profundidad de incisión— ayudan a conocer los posibles mecanismos de formación y a distinguir entre áreas donde predominan las cárcavas o bien los canales submarinos».

Una topografía submarina preservada durante el último máximo glacial

En general, los aportes de sedimento de los mantos de hielo impiden la formación de cárcavas y otros relieves canaliformes en estas regiones submarinas. En el caso del canal INBIS, la proximidad a la isla del Oso ha sido un factor decisivo para frenar el avance del manto de hielo y evitar el recubrimiento del valle submarino con materiales sedimentarios. «Como resultado, este valle submarino es uno de los pocos canales polares que ha preservado su particular relieve submarino durante el LGM, que es la época de máxima extensión de las capas de hielo en la historia geológica más reciente del planeta, hace más de 20.000 años», detalla Casamor, miembro del Departamento de Dinámica de la Tierra y del Océano de la UB.

Un caso similar sería el de la fosa de Albertini, en el margen norte del archipiélago de las Svalbard, en el océano Ártico. «En esta zona, la plataforma externa recibe los sedimentos transportados por las corrientes de hielo que fluyen a través del canal Albertini, un proceso que impide la formación de depósitos sedimentarios y facilita la formación de un canal submarino», explica Leonardo Rui.

Corrientes de turbidez que modelan el paisaje submarino

En la parte superior del canal INBIS, el nuevo mapa batimétrico describe un sistema de cárcavas y canales menores —entre los abanicos sedimentarios de Kveithola y de la isla del Oso— que cortan el talud continental y acaban desembocando en el canal principal. Según revela el estudio, la acción de las corrientes de densidad y las corrientes de turbidez generadas por el agua de fusión del hielo son factores que han modelado y mantenido estas estructuras erosivas.

En este contexto geológico, «y especialmente en el período de máxima expansión del manto de hielo en la zona durante el LGM, los aportes de material de las corrientes de hielo alimentaron la formación de los abanicos sedimentarios», destaca José Luis Casamor.

El cambio en el gradiente de la pendiente es otro factor clave de la topografía submarina que debe tenerse en cuenta para perfilar el origen del relieve submarino del canal INBIS. Tal como explica Leonardo Rui, «este factor, sumado a los cambios en las dimensiones de las cárcavas, permite establecer diferencias entre una zona parcialmente influida por el flujo de depósitos glaciogénicos (sur) y otra que se encuentra completamente protegida por la proximidad de la isla del Oso (norte)».

En el marco del estudio, los expertos han cartografiado unas estructuras erosivas en el área más meridional, «que sugieren indicios de la presencia de un sistema de flujo de sedimentos deslizados (mass transport deposits, MTD) que cruzan la pendiente superior con una orientación sureste-noroeste», apunta Leonardo Rui.

El análisis morfológico de la zona más distal del área «podría sugerir alguno de estos episodios de inestabilidad de los fondos oceánicos, aunque es preciso continuar las investigaciones con mayor detalle», comenta Casamor.

Ártico: los dominios de las grandes corrientes de hielo

La historia geológica del océano Ártico ha revelado episodios tan extremos como el tsunami de Storegga, el cataclismo submarino más espectacular conocido hasta ahora, que sacudió los fondos polares hace unos 7.000 años. En el estrecho de Fram —un amplio paso geológico entre Groenlandia y las islas Svalbard— las frías aguas árticas se mezclan con las más cálidas del Atlántico y generan un escenario excepcional para estudiar el registro geológico del cambio climático natural en el planeta.

En la actualidad, las áreas polares septentrionales —uno de los ecosistemas más afectados por los efectos del cambio global— constituyen un excelente laboratorio natural para diversas áreas de las geociencias marinas (geomorfología, paleoceanografía, paleoclimatología, batimetría, etc.). En este escenario de retos para la ciencia internacional, el Grupo de Investigación Consolidado (GRC) de Geociencias Marinas de la UB —dirigido por el catedrático Miquel Canals— ha destacado por el impacto científico de sus investigaciones, centradas en desvelar la historia geológica y paleoclimática de los fondos marinos dominados durante miles de años por la acción de los grandes mantos y corrientes de hielo.