UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

XVII EDICIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

José Manuel Cervera pide que se empiece a tratar el fenómeno de la inmigración con más normalidad y menos miedo

Grandes lazos históricos, geográficos, estratégicos, de seguridad y económicos unen las dos orillas del Mediterráneo, la del norte de África y Oriente Medio y la de Europa. Por ello, “Europa debería mirar más al sur y tener una política euromediterránea más activa”, según afirma José Manuel Cervera, director gerente de la Fundación Tres Culturas, quien sostiene que es una de las grandes asignaturas pendientes de Europa.

En la actualidad, las relaciones entre las dos orillas del Mediterráneo son complejas y diversas. Cervera señala existe que existen relaciones muy buenas, como las que hay entre España y Marruecos, pero también relaciones difíciles, como las de Libia e Italia, “por la propia situación de Libia, que es un Estado en descomposición”. El conflicto palestino también sigue latente, la difícil situación entre Ucrania y Rusia, “muy delicada con la apropiación por parte de Rusia de la península de Crimea, que es un espacio también mediterráneo, hay conflictos como el de Grecia y Turquía a propósito de Chipre…”. Además, el director de la Fundación también lamenta que el enorme drama social derivado de esa situación de desigualdad, “que ha dado lugar a tragedias humanas extraordinarias que nunca debemos dejar de tener en cuenta”.

José Manuel Cervera ha realizado estas declaraciones en el ámbito del curso ‘Magreb, Oriente Medio y Europa. Entendimiento entre culturas. Relaciones y desafíos’, que se celebra en la sede de la Universidad Pablo de Olavide en Carmona desde el pasado lunes dentro de la programación de la XVII edición de los cursos de verano de la UPO. El seminario está dirigido por Javier Fernández Arribas, director de la publicación Atalayar.

En la actualidad, Europa es un mercado único, existe libertad de circulación de capitales y de personas dentro del espacio Schengen; sin embargo, carece de una política de fronteras y migratoria común. “Tiene acuerdos que se hacen en momentos determinados para hacer frente a situaciones de crisis, como pasó de mala manera con el tema de los refugiados en Siria hace un par de años, pero no hay una política migratoria común, siendo un déficit extraordinario que está produciendo muchísimos problemas. Así, se tratan de forma desigual muchísimos fenómenos que deberían tratarse con más equidad”, según Cervera. En este sentido, pone el ejemplo de que la Unión Europea haya sido generosa con Turquía para acoger a muchos de sus ciudadanos y, sin embargo, no haya tenido la misma generosidad con países como Marruecos, país de tránsito por el que pasan centenares de miles de personas que provienen del África subsahariana “y que tiene un verdadero problema que Europa debería saber reconocer”, señala.

Frenar la inmigración no ordenada es una cuestión compleja que no se puede resolver sólo aplicando políticas de desarrollo, puesto que tardan demasiado tiempo en dar resultados. Por ello, Cervera propone “que los países europeos se sienten en serio y establezcan un plan con medidas a corto, medio y largo plazo donde se tenga una visión común, e intentar incrementar ese plan de forma colegiada entre todos los países de Europa, con la colaboración de los países de la ribera sur del Mediterráneo”.

En relación a qué se puede hacer para favorecer la convivencia de los inmigrantes que vienen a países como el nuestro, el director de la Fundación Tres Culturas cree fundamental concienciar a la sociedad sobre el hecho de que “los inmigrantes vienen aquí a trabajar, y por tanto, a aportar a nuestro país, puesto que, por lo general, tienen un saldo positivo desde el punto de vista de la Seguridad Social, al ser personas más jóvenes que cotizan más y que, normalmente no perciben pensión y precisan de una menor atención sanitaria”.

Por todo ello, “hay que empezar a tratar este fenómeno con más normalidad, con menos apriorismo y menos miedo, y tratar a los inmigrantes como personas que necesitan también conocer cuáles son las reglas del juego, que se tienen que desenvolver en una sociedad como la española, que es una sociedad democrática y que en términos generales es muy acogedora”, concluye.