UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

XVII EDICIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

El doctor Juan Manuel Poyato cree que a este déficit se suman una información mal dirigida por parte de los medios de comunicación y la “casi nula” participación de los padres en la educación sexual de los hijos

Los jóvenes no reciben una adecuada formación sexual. Y la ignorancia de los chavales se nutre de la falta de atención del sistema educativo hacia temas de salud sexual, según denuncia Juan Manuel Poyato Galán, doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Urología, Andrología y Medicina Sexual. Para Poyato, a este escaso interés hay que añadir “una información mal dirigida y poco documentada por parte de la mayoría de los medios de comunicación” y la “casi nula” participación de las familias en la educación sexual de niños y jóvenes, lo que dibuja un “escenario que empieza a nublarse preocupantemente”.

El doctor Poyato ha hecho estas declaraciones coincidiendo con la inauguración del curso que dirige, titulado ‘Salud sexual en el siglo XXI: mitos y realidades, placeres y riesgos’, que se celebra desde hoy hasta el miércoles en la sede ‘Rectora Rosario Valpuesta’ de Carmona dentro de la oferta formativa de los XVII Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide.

El director del seminario, que es profesor externo del Departamento de Fisiología, Médica y Biofísica de la Universidad de Sevilla y que ejerce en el Hospital de Alta Resolución de Utrera, asegura que la lista de mitos y leyendas urbanas en torno al sexo es “interminable” y “se repiten hasta la saciedad en todos los ámbitos de nuestra realidad a cada instante”. Por otro lado, afirma que el miedo es uno de los principales obstáculos para disfrutar de una sexualidad plena: “miedo a un embarazo no deseado, al contagio de alguna enfermedad, a sufrir dolor por alguna práctica, los prejuicios de orden religioso, haber sufrido algún tipo de abuso o una educación restrictiva y la no aceptación de la propia sexualidad son los principales escollos para vivir libre y abiertamente nuestra sexualidad”, explica.

Para este especialista, la sexualidad constituye “la columna vertebral de nuestra personalidad”, ya que es el “eje sobre el que giran nuestra forma de ser, nuestros sentimientos, nuestros recuerdos, nuestro proyecto de presente y futuro”, sin que existan diferencias entre el hombre y la mujer a la hora de afrontar su sexualidad, ya que “esos dos únicos polos en la actitud sexual recuerdan un escenario mucho más biológico propio de tiempos pasados, pues la identidad, la orientación y el rol sexual adoptan matices mucho más complejos y variados que simplemente distinguiendo entre mujer y hombre”.

Al ser cuestionado sobre la evolución de la sexualidad a lo largo de la vida, Juan Manuel Poyato explica que, si bien la sexualidad “nos acompaña prácticamente desde nuestra concepción”, en cada etapa de la vida hay una evolución “en función de la fisiología de cada persona y del momento vital”. De esta manera, “no es lo mismo la sexualidad incipiente de la niñez que la explosión hormonal de la pubertad, como tampoco es igual una sexualidad fogosa en los momentos más ardientes del enamoramiento que una sexualidad entre dos personas por encima de los 70 años, más serena y con otros brillos”, comenta. No obstante, no sólo influye la edad, también “enfermedades, situaciones familiares y consideraciones culturales”. Así, las leyes, la moral, las costumbres, las tradiciones y los usos populares “van a condicionar de manera capital la forma en la que vivimos nuestra sexualidad, pues van a determinar la expresividad de nuestra condición humana y, por ende, nuestra libertad personal”, subraya.

Sobre la sexualidad en el actual contexto social, el doctor Poyato considera que “no podemos permanecer ajenos a los numerosos estímulos” que nos llegan desde los medios y las redes sociales, aunque aboga por “velar y estar atentos para poder detectar actitudes que pretendan manipularnos o imponernos modelos que puedan ser insolidarios, sexistas, racistas o ilegales”, alerta. Entre otros riesgos, advierte de que algunas corrientes teóricas, religiones o escuelas de pensamiento “intentan imponer un férreo control sobre el individuo de muchas maneras, siendo la sexualidad y todo lo relacionado con la intimidad o la fertilidad un campo perfectamente abonado para regular y normativizar métodos de control sobre las personas”, concluye.