UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

XVII EDICIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

El profesor del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UPO sostiene que cada sociedad, en cada momento histórico, define su orden moral sexual y, dentro de este, el desorden permitido

Los grandes titulares en torno al sexo, la sexualidad o lo sexual sugieren ideas y preconceptos que poco o nada tienen que ver con la experiencia sexuada de las personas. “Porque la sexualidad es la manera peculiar, subjetiva, de vivirse, sentirse y expresarse como sujeto sexuado, con sus modos, matices y peculiaridades. La sexualidad entendida como algo dinámico, cambiante e identitario ofrece nuevas ideas con las que entender y afrontar los distintos cambios que suceden a lo largo de la vida”, asegura Juan Blanco López, profesor doctor del Departamento de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad Pablo de Olavide.

Blanco ha realizado estas manifestaciones con motivo de la inauguración del curso ‘Sexualidad (es) e intervención socio-educativa. Más allá de la prevención’, que dirige este profesional y en el que colabora InSex (Iniciativa Sexológica y Acción Social). Dicho seminario se desarrolla hasta el miércoles dentro de la programación de los XVII Cursos de Verano que la UPO celebra en la sede ‘Rosario Valpuesta’ de Carmona.

Cuestionado sobre en qué se diferencian el hombre y la mujer a la hora de afrontar su sexualidad, el doctor sostiene que “la vivencia de la sexualidad es siempre subjetiva, íntima, particular de cada hombre y cada mujer. Generalizar estas vivencias es demasiado arriesgado”, explica el doctor. Y es que la sexología nos da las claves para la comprensión de los modos masculinos y femeninos, pero las expresiones concretas de la sexuación no son propias de hombres o mujeres, sino de cada sujeto concreto que las vive.

Para aclarar este concepto, Juan Blanco explica que la sexuación es el proceso biográfico a través del que se crea nuestra identidad sexual, que nos convierte en el hombre y la mujer que somos, diferentes, únicos e irrepetibles. “Pensarlo como un proceso da cuenta de que esa identidad no es algo estático y son las distintas experiencias las que van conformando y modificando el hombre y la mujer que se es en cada momento de la vida”.

Además de la identidad sexual, cada sociedad en cada momento histórico define su orden moral sexual y, dentro de este, el desorden permitido. “Lo que se permite o prohíbe, lo que se promociona o castiga, influirá de forma clara en las vivencias de cada sujeto. No se vivirá igual que tus gustos, gestos, expresiones o deseos se aprueben o premien en un momento dado, que los mismos sean penalizados o perseguidos, ya sea por razones religiosas, sanitarias, éticas, culturales, etc.”, según el director del seminario.

Con respecto a si la sociedad actual nos presiona a la hora de practicar o consumir sexo, Juan Blanco considera que el sexo no es algo que se practique o se consuma, algo que se tenga o se consiga, sino que el sexo es algo que se es. “Esta confusión tan habitual suele conllevar una normativización y estandarización de las vivencias sexuadas. Los mandatos sobre qué hacer y qué no en los encuentros eróticos-sexuales proliferan por doquier, casi todos, pensados para la estimulación genital y el coleccionismo de orgasmos, como “trucos para ser mejor en la cama”, “descubre tus zonas erógenas”, “sucumbe al placer”, “como ser la pareja ideal”, etc. Desde estos titulares se nos dice qué debemos ser y cómo deben ser nuestros cuerpos, qué nos debe gustar, cómo, cuánto y con quién, convirtiendo en parafilias o trastornos lo que, por regla general, no son más que dificultades comunes o expresiones de diversidad”.

Por todo ello, el director del seminario considera “imprescindible” que las nuevas generaciones reciban una educación sexual que promueva la convivencia entre los sexos, que fomente el buen trato y el cuidado como principios rectores de las relaciones y que facilite el entendimiento, la aceptación y la valoración de la diversidad sexual.