Demetrio de Falero

Parece inevitable asumir, pese a quien le pese, que llevamos unos meses en crisis. También parece inevitable escuchar que “crisis” significa “oportunidad”. En relación con la Universidad, veo con estupor cómo se convierte en refugio de profesionales que de un tiempo a esta parte dejan el ejercicio libre de su profesión para optar por alguna plaza de profesor, sin más aspiración que la de esperar a que escampe y luego volver a la vida en la calle. Quizá también esta crisis sea la oportunidad de la Universidad española para que los profesionales se queden, atrayéndolos con algún tipo de beneficio mayor (contratos de más duración, etc.). Para que los alumnos reciban enseñanzas de personas que han recorrido un camino distinto al de “beca-estancias-contrato predoctoral-artículos en revistas-libro apoyado por la institución local de turno-tesis-contrato postdoctoral-sexenios”. Porque el problema viene luego, cuando esos mismos alumnos no logran encontrar oportunidades de trabajo porque nadie les ha explicado que existen, y nadie les ha indicado cómo hacer para encontrarlas.

Veintiocho

Perdonen que interrumpa. En casa mi meretriz ha dejado libre mi ordenador (es sábado por la mañana) para redactar unas líneas, y he decidido aprovechar. Me presento: Demetrio de Falero, soltero de oro, cuarenta años, dos sexenios recién cumplidos. 30 alumnos. Ayer maté a dos. 28. No sabían algo, no recuerdo qué, pero me tomé la licencia. Deberían permitirnos tener un kalashnikov en clase, pero en la Universidad Falerífica Organizada (la UFO, para entendernos) son muy puritanos, el alumno siempre tiene razón, y tuve que convocarlos a mi despacho. Llamaron a la puerta y entraron sin esperar a que les gritara desde la puerta “¡adelante!”. Entre eso y que en clase no supieron responderme bien a una pregunta obvia (que sigo sin recordar), no he tenido más remedio que suspenderlos un mes antes del examen. Aún no lo saben, pero la sentencia está dictada. Por ellos. 28 alumnos. Todos menos Feliciano Devénguez y Asclopio Acospio. Y todo por, ya recuerdo, no saber escribir veintiocho correctamente. Mi meretriz me convoca. Les dejo. Buen provecho.

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