Recortes de Madrid

Bueno, aquí está la entrada-novedad que he estado anunciando estos días, tan esperada y ansiada por todos, o eso es lo que he decidido creerme  (bien feliz que estoy por ello). Y es que he estado pensando (como ahora NO tengo nada que hacer, y puedo dedicarme a la vida contemplativa y la reflexión interior), a ver, tanto sitio para comer, para merendar, para cenar…y luego el resto de la semana qué van a comer los pobrecitos? Que aunque muchos lo experimenten en sus propias carnes, comer a base de pasta todos los días del año te ayuda a sobrevivir…y ya.

Que no me puedo creer yo el haber tardado tanto en subir al recortesactualuniversitario este sitio, con lo que me gusta a mí! De los primeros sobre los que escribí, y de los primeros que me recomendaron desde que vivo en tierras Madrileñas.
Y anda que no me quedé yo impresionada cuando ví el sitio. Conseguido está conseguido a la perfección, y lleno, lleno a reventar. Pero bueno, si el río suena agua lleva (luego te paras, piensas en las colas de los McDonalds y se te cambia la expresión de «claro que sí, agua lleva» de la cara).

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Hoy en vez de restaurante, toca comentar una pastelería, porque algo tendremos que hacer a las 6 de la tarde ¿no? Hace poco fui a una por la zona de Malasaña y quedé encantada. Se llama «Happy Days I love Hot Dogs» y merece la pena pasar por allí.

Fue de los primeros sitios de los que escribí en mi época de «nueva blogger» o mejor dicho, «nueva, inculta y torpe blogger», porque una cosa era no saber manejar un blog, y otra muy distinta vivir con la constante incertidumbre de creer que lo estas haciendo absolutamente todo mal.

Una de las cosas de esta entrada que más inquietud me causaron, sin duda, el nombre del sitio. A ver, pone Happy Day I Love Hot Dogs, porque van juntos pero separados, uno es una pastelería en toda regla y lo otro un sitio para vender perritos calientes, lo que pasa es que es de los mismos y lo que pasa es que nunca me he decidido a separarle el nombre. En honor a un año sin darme cuenta de que no pegaba el nombre que le había puesto…aquí lo tenéis,

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Me pasa a mí últimamente una cosa muy extraña, no sé si alguna vez lo habréis experimentado. Cuando no tengo nada que hacer, ninguna responsabilidad de ningún tipo ni sentimientos de culpabilidad por no dedicarme a cultivar el intelecto (bendita semana de después de exámenes), hago eso, NADA, todo el día tirada por ahí sin más. Ahora, es llegar una época de estar a tope, con mil cosas que hacer y muy poco dormir y me entra una rabia interior de no poder hacer «todas esas cosas que siempre he querido pero de las que nunca he tenido tiempo»…en fin, era una reflexión sin mucha relación con lo de hoy, pero es que llevo un rato muriéndome del coraje por no poder ir a darme un paseo de ocho horas por la calle (y sí, sólo me apetece ahora que tengo que encerrarme) y o lo decía o explotaba. Es que no hay derecho, con el solazo que esta haciendo y lo poco que yo lo estoy aprovechando.

Antes que nada, debo hacer una confesión. Tengo que admitir que experimenté una época emocionalmente profunda durante los 14/15años (las chicas me comprenderán y los chicos…pues oye, a lo mejor también) con la gran, estupenda, maravillosa y demás (lo dejo ahí, cada uno que lo interprete) serie Rebelde Way. Si, llegaba y merendaba viéndolo, y sí, merendaba durante las 3 horas y media que duraba el capítulo, la adolescencia es una época muy bonita y cualquier cosa que penséis de mí no me va a afectar ni lo más mínimo. En fin, que cuando has vivido todo eso, se te queda la cosilla de los «boludos», las «minas» y todo lo que viene siendo el léxico propio argentino, y aquí estoy yo para solucionarlo.

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Que ahora está de moda todo lo antiguo, lo «vintage» (es más cool decirlo así), les pedimos los bolsos a nuestras madres, las gafas de sol a nuestros padres y un día de estos pillamos un vestido de nuestra abuela y nos lo plantamos en lo alto sin ningún tipo de miramiento. Y es que la época «pre-Amancio Ortega» también tuvo su encanto.
Porque aunque papá y mamá ya lleven una vida ordenada y seria también tuvieron nuestra edad, y también se divertían. ¿Alguien se cree el «yo a tu edad salía hasta las 10 de la noche, una cervecita y a casa»? Por mucho que cambien los tiempos, eso no se lo cree nadie!
Así que en honor a todos los padres mentirosos o asociales (a lo mejor hay alguno que si que dice la verdad), hoy voy a hablar de un sitio traído directamente de su época a nuestros días. Al fin nos enteraremos de lo que significa exactamente la palabra «guateque».

Aquí va,

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Después de una semanita de descanso y otra de descansar del descanso, aquí vuelvo con las pilas cargadas, y el ánimo muy muy bajo (las vueltas a la realidad me sientan fatal). Que todos sabemos lo que nos queda por delante…y ninguna gracia!

Pero bueno, aunque ahora toque estudiar, aunque dentro de un mes los de Estrella Damm estarán restregándonos lo que nunca jamás en la vida nos va a pasar a nosotros y aunque el solecito invite a todo menos a encerrarse… habrá que seguir comiendo no? Pues eso, vosotros a alimentaros y yo a deciros dónde tenéis que hacerlo, no alteremos el orden de las cosas.

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Uo oh oh (8) Y es que eso es lo que apetece ahora, solecito y buen tiempo, que ya estamos hartitos de tanta lluvia y tanta tontería… Es el tiempo perfecto para aprovechar las terracitas que nos ofrece la capital (para todos aquellos que se hayan tenido que quedar durante las vacaciones…los demás, pues luego tocará). Que hay que aprovechar antes de que lleguen los calores veraniegos de esos que te hacen plantearte mudarte a Finlandia o por ahí, que hace más fresquito.

Así que hoy, terraza de moda para el día y para la noche, además en plena Castellana, ¿se puede pedir más? En verdad sí, pero que tengan a gente abanicándote con ramas de palmera me parece pelín excesivo.

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Porque las cucharillas parece que sacan lo peor de nosotros mismos! Que si las usamos para comer helado, mousse, flan, tartas…y así como vamos a mantener el tipín? Que no cunda el pánico, antes de que decidáis quitarlas de vuestras cuberterías, dos cosas: comed kiwis o probad lo que os voy a contar hoy.
Me gustaría conocer el proceso en el que a una persona se le ocurre, así sin más, que quiere crear una empresa de zapatos de tacón para gatos (por ejemplo), que otra le diga, oye, pues a lo mejor funciona y  todo termine convirtiéndose en un tema  para una entrada de un prestigioso blog (todo situación hipotética).
Pues bien, tengo un mensaje para la primera persona a la que se le ocurrió poner un sitio de yogurt helado en vez de una heladería….GRACIAS. Porque sí, porque cualquier cosa que nos saque de la rutina es bien agradecida y porque popondría que a todas las cosas de este mundo se le pudieran poner toppings.


Ö My Good

El sitio, con juego de palabras en el nombre incluido, lleva abierto solamente desde septiembre. Local pequeñito, muy moderno y con sitios para tomarnos un yogurt helado con nuestros amigos (las escaleras del MET pillan pelín lejos). He explicado la importancia de la cucharilla en el asunto, pero y los remordimientos? tiene que engordar de solo mirarlo…Pues no! Porque el yogurt es natural desnatado y muchos de los toppings que le podéis añadir son fruta. Así que sí, podéis sustituir los Mcflurrys por cosas sanas sin que os de la sensación de que en vez de comer rumiáis con tanta cosa verde que nos metemos en épocas de «vida sana».

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De la suerte va la entrada de hoy, o mejor dicho, de la falta de ella. Yo nunca me he considerado una persona excesivamente desafortunada (excepto los dos o tres días catastróficos que me aparecen en ciertas épocas que son para encerrarse, echarse a llorar y no ver la luz del sol nunca jamás).

Este tema me hace bastante gracia porque cuando alguien hace algo bien es porque «se lo ha currado, sabía lo que hacía, se lo merece» y cuando no, es pura mala suerte. Yo la verdad es que tengo muchos momentos de, aunque se alineen los planetas, sea año bisiesto y me cruce a un gremling por la calle esto no lo vuelvo a repetir en la vida, pero oye, por lo menos lo admito.

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